Una voz para los que no la tienen — Adolfo Reyes, Nicaragua

“Las sonrisas que nos reciben cuando visitamos las comunidades — eso es lo que me hace seguir”

Adolfo Reyes, padre de tres hijos, vino de la costa pacífica de Nicaragua a la región norteña del Caribe — un área mayormente habitada por comunidades indígenas — para trabajar con el Programa Mundial de Alimentos. Con motivo de la celebración del Día Mundial Humanitario el 19 de agosto, nos cuenta su historia.

“Mi mayor placer es darle una voz a los que no la tienen”, dice Adolfo, cuyo hijo quiere llegar a ser como el cuando crezca. Foto: PMA

Las reacciones y la amabilidad de las personas es lo que se queda en la mente de Adolfo, lo que alimenta su entrega a las personas que sirve en Nicaragua.

“Las sonrisas que nos reciben cuando visitamos las comunidades — eso es lo que me hace seguir,” dice mientras cuenta una de sus anécdotas favoritas.

Estuvo visitando la comunidad de Sawa, en el municipio de Waspam, a unos 180 kilómetros de Bilwi en el cauce del río Coco. Éstas comunidades se encuentran en lugares muy remotos y difíciles de acceder, tampoco hay dónde trasnochar.

“Las primeras dos veces que estuve, una mujer mayor, a la que todos llamaban abuela, insistió en que me quedase en su casa,” dice Adolfo. “En mi tercera visita, decidí pasar la noche en una instalación de un proyecto local, para no molestar de nuevo a la abuela.

“Para mi sorpresa, alrededor de las 7 p.m. se presentó con sus nietos en busca ´del caballero del PMA y no se retiraría hasta que fuese con ella.”

Adolfo dirige la oficina superior en Bilwi, en la costa norte del Caribe en Nicaragua y cubre un área superior a 21.000km2. Las largas distancias, las malas condiciones viales y las frecuentes inundaciones hacen que las comunidades a las que el PMA sirve, que mayormente pertenecen al grupo étnico Mizquito, sean difíciles de acceder. “Cuando llueve por aquí, las carreteras se convierten en ríos de lodo que cortan las comunicaciones,” dice.

Adolfo se unió al PMA en 2008, después de que el huracán Félix azotase a su país. Después de trabajar para uno de los socios del PMA, obtuvo un trabajo como asistente de logística para el PMA. Más tarde, trabajó también en el apartado de finanzas y administración y como monitor de campo.

Ahora, entre otras cosas, se dedica a supervisar los programas de alimentación escolar que alimentan a 45.000 niños. Éstos reciben una comida diaria que consta de arroz, frijoles, tortitas de maíz, un revuelto hecho con leche y cereales fortificados y dátiles. Adolfo visita las escuelas, informa a los profesores y a los padres que forman parte del comité de alimentación escolar y supervisa que el programa funcione correctamente.

Marco disfruta saliendo y conociendo a la gente a quien el PMA sirve. Foto: PMA

Además, también participa en reuniones de prevención para situaciones de emergencia organizadas por las autoridades regionales, en las que se instruye para hacer frente a las inundaciones.

“Ver las secuelas de un desastre es la parte más difícil de mi trabajo”, dice. “Se hace difícil ver que hay personas que han perdido sus hogares y todo lo que tenían. Ser testigo de sus estados de necesidad y la tristeza en sus rostros — eso es algo que no se olvida fácilmente.”

Por otra parte, ser capaz de ayudar a otros es una gran fuente de motivación. “Mi mayor alegría es darle una voz a los que no la tienen,” dice Adolfo. “Mi familia comparte mi entusiasmo por mi trabajo — de tal manera que mi hijo, Alfonso Ernesto, que tiene 13 años, dice que quiere ser el próximo dirigente de la oficina de Bilwi cuando crezca.”

Entrevista original de Sabrina Quezada, PMA Nicaragua

Aprende más sobre el trabajo del PMA en Nicaragua.

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